"...fue como si algo o alguien con las manos sucias y los ojos rojos, pusiera una asignatura pendiente grabada en alguna neurona de mi cabeza."

 

 

"Hoy, rigurosamente hoy, ha nacido un nuevo muerto.
   Ha nacido un nuevo niño en la calle.
La calle será su escuela, su universidad,
   Su casa; el asfalto su morada.
Y la sociedad urbana le irá formando en secreto,
   Y el suburbio le hará cama;
Y se hará larva y el arrabal se hará diestro de la lata y del solar.
Mentiroso, chamullante, maestro de la miseria; descuidero, estafador,
   Embaucador, anarquista, o ¿quién sabe?
Quién sabe si quizás antes de morirse o matarse,
   Podrá del hambre vengarse; para ser puente o ser morada,
   O reventar tristemente en una asquerosa arcada,
   Con perdón, para ser simplemente, historia de una canción.
Puede ser, que una vez llegue a él la salvación, mi salvación.
   Quién sabrá, quién podrá, devolverle la libertad, mi libertad.
Ojalá, alguien se asombre, ojalá. Ojalá alguien no llore, y le salve, y nos salve.
De cada trece nuevos niños que nacen, diez lo hacen en la cama y tres en la calle.
   Y mientras los diez primeros comen los otros tres se mueren de hambre.
Mas no puedo seguir juzgando, no debo, no tengo hambre."

                                                                   Patxi Andión

Nadie me dijo nada y me encontré de repente extasiada, asombrada en mi paseo, alguien, no recuerdo muy bien quien, me estaba enseñando la ciudad, me estaba mostrando Comayagua; su catedral, el mercado, el parque ... y de repente su mirada, ni siquiera hoy se su nombre, sólo se que allí estaba, tumbado en el suelo delante de una puerta, era pequeño, estaba sucio, despeinado, tenía los ojos algo rojos y  una bolsa de plástico en la mano, no supe muy bien qué había dentro, o si había algo; ahora ya lo se.
 
Creo que jamás nadie me ha asombrado tanto, y que nunca, o muy pocas veces, una mirada me ha estremecido tanto, no sólo el cuerpo sino también el alma.
 
Recuerdo que quien me acompañaba sin yo preguntarle nada me dijo: es un niño de la calle, está drogado y por eso tienen los ojos rojos, lo que tiene en esa bolsita es Resistol, pegamento, se pone la bolsa en la boca y la nariz e inhala el olor, por eso está así.
 
No pregunté más, nos fuimos, no recuerdo muy bien si intenté decir hola, no lo se.
 
Y en ese mi primer paseo por Honduras, concretamente en Comayagua, fue como si algo o alguien con las manos sucias y los ojos rojos pusiera una asignatura pendiente grabada en alguna neurona de mi cabeza. Y esa neurona empapada de un sentimiento de interpelación a mi persona, es lo que me ha llevado a volver a Honduras, a entrar en contacto con los niños de la calle en Comayagua en un centro de rehabilitación llamado HORIZONTES AL FUTURO y a plasmar una experiencia llena de manos sucias, ojos rojos y pies descalzos, pero corazones amplios, esperando amor y dando el que aún no les han robado.
 
Como bien dice Patxi Andión no puedo, ni quiero, juzgar nada ni a nadie, ¿a quién? A ti , a mí, a ellos, no, yo tampoco tengo hambre. Pero sí puedo hablar. Y quiero, al menos, plasmar en el papel, y si pudiera lo haría en el cielo, la necesidad de que unos ojos rojos, se conviertan en preciosos ojos negros, que no puedan interpelarnos, porque al menos, no estamos callados o quietos, esperando que un milagro transforme todo y lo haga nuevo, sin nosotros, ni siquiera, ensuciarnos un poco las manos.

                                                                    Isabel Sahelices Arias
                                                           Voluntaria en Horizontes al Futuro

 

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